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El cáncer de la A a la Z

Tipos de cáncer, cómo prevenirlos, diagnóstico y tratamiento.

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Cáncer de vejiga


Los varones, las personas de raza blanca y los fumadores tienen el doble de riesgo de padecer cáncer de vejiga que la población general. Cuando se diagnostica y trata en un estadio localizado, el cáncer de vejiga es muy tratable, con una supervivencia específica del cáncer a los cinco años próxima al 95%.

El tabaquismo es el factor de riesgo más importante de cáncer de vejiga. La incidencia aumenta en las personas de 50 años o más de edad. Es posible que los problemas de vejiga crónicos, como infecciones y cálculos renales, también sean factores de riesgo, aunque no se ha confirmado una relación directa.

 
Tipos de cáncer de vejiga
Los diferentes tipos de cáncer de vejiga son:

Cáncer de vejiga de células de transición: alrededor del 90% de los cánceres de vejiga son carcinomas de células de transición, es decir, cánceres que se originan en las células que revisten la vejiga. El cáncer que queda limitado al revestimiento de la vejiga es un cáncer de vejiga superficial.

Cáncer epidermoide de vejiga: cáncer de vejiga que se origina en las células pavimentosas, que son células delgadas y planas que se pueden formar en la vejiga después de una infección o irritación a largo plazo.

Adenocarcinoma: cáncer de vejiga que se origina en el revestimiento interno de la vejiga como consecuencia de una irritación e inflamación crónicas.

Síntomas del cáncer de vejiga
El síntoma más frecuente del cáncer de vejiga es la presencia de sangre en la orina (hematuria), que hace que la orina adquiera un color herrumbroso o rojo intenso. Sin embargo, la hematuria no siempre se detecta a simple vista y también puede ser un síntoma de otras afecciones, como cálculos renales e infección urinaria. Si presenta hematuria o alguno de los otros síntomas de cáncer de vejiga que se indican a continuación, consulte al médico:

  • Dolor al orinar
  • Micción frecuente
  • Necesidad imperiosa de orinar, pero sin conseguirlo
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Sesión informativa para pacientes sobre cáncer de vejiga y próstata.
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Causas
No hay métodos absolutos para prevenir el cáncer de vejiga. La abstención de fumar es la mejor forma de reducir el riesgo de cáncer de vejiga. Se recomienda que las personas que están expuestas a aminas aromáticas en su entorno de trabajo sigan siempre unos hábitos saludables de trabajo. Se ha demostrado que otras prácticas saludables, como beber mucho líquido (agua principalmente) y seguir una alimentación rica en frutas y verduras, protegen frente al cáncer de vejiga.

 
Factores de riesgo
Aunque se desconoce la causa exacta del cáncer de vejiga, en distintos estudios se han identificado los siguientes factores de riesgo de esta enfermedad:

Edad: la probabilidad de contraer un cáncer de vejiga aumenta con la edad y es infrecuente en las personas menores de 40 años.

Tabaco: el consumo de tabaco es un factor de riesgo importante en el cáncer de vejiga. Los fumadores, incluidos los que fuman puros y en pipa, tienen dos o tres veces más probabilidades que los no fumadores de contraer la enfermedad.

Raza: el cáncer de vejiga es dos veces más frecuente en la raza caucasica que en  la raza negra o personas latinoamericanas. Los asiáticos presentan la frecuencia más baja de aparición de la enfermedad.

Sexo: los varones tienen dos o tres veces más probabilidades que las mujeres de padecer un cáncer de vejiga.

Antecedentes familiares: las personas con antecedentes familiares de cáncer de vejigatienen más probabilidades de contraer la enfermedad que las que no presentan tales antecedentes familiares. Hay estudios en curso para determinar si ciertos genes incrementan el riesgo de padecer la enfermedad.

Antecedentes personales de cáncer de vejiga: el cáncer de vejiga tiene una tasa de recidivas del 50%-80%, la más alta de entre todos los cánceres, incluido el de piel. Los supervivientes de un cáncer de vejiga tienen más probabilidades de padecer la enfermedad de nuevo.

Profesión: los trabajadores expuestos a cantidades elevadas de carcinógenos en el lugar de trabajo corren un mayor riesgo. Esto incluye los sectores del caucho, productos químicos y cuero, junto con peluqueros, maquinistas, trabajadores del metal, impresores, pintores, trabajadores textiles y conductores de camiones.

Infecciones: las personas infectadas por determinados parásitos corren un mayor riesgo de cáncer de vejiga. Estos parásitos suelen ser frecuentes en climas más tropicales.

Tratamiento con ciclofosfamida o arsénico: estos fármacos se utilizan en ocasiones para tratar el cáncer y otras enfermedades y aumentan el riesgo de padecer cáncer de vejiga.

El cáncer de vejiga puede diagnosticarse mediante una cistoscopia, prueba de imagen o procedimiento de citología. Los pacientes considerados de alto riesgo han de someterse a uno o más de estos procedimientos con regularidad para detectar el cáncer en un estadio inicial más tratable.

Las personas con un riesgo elevado de cáncer de vejiga son:

  • Edad mínima de 50 años con hematuria (sangre en la orina)
  • Menores de 50 años con hematuria visible

La cistoscopia es la prueba más frecuente y fiable para detectar un cáncer de vejiga. Se introduce un tubo delgado que lleva una cámara (cistoscopio) en la vejiga a través de la uretra para ver la zona sospechosa. El cistoscopio también puede utilizarse para obtener una muestra de tejido para biopsia, así como para tratar los tumores superficiales sin cirugía. Sin embargo, la cistoscopia no es perfecta. Puede pasar por alto lesiones planas (carcinoma in situ) y tumores papilares pequeños. MD Anderson recomienda combinar la cistoscopia con otras pruebas que se citan a continuación para lograr el diagnóstico más exacto posible.

Los estudios de imagen, como tomografía computarizada (TC), ecografía o pielografía intravenosa (PIV), complementan la información proporcionada por la cistoscopia. Una PIV supone la inyección de un contraste que se visualiza en una radiografía a medida que recorre el aparato urinario.

En las pruebas realizadas en orina se emplea una muestra de orina para determinar la presencia de cáncer. La citología es la prueba más antigua de este tipo y consiste en examinar la muestra al microscopio para identificar la presencia de células anormales. Hay varios tipos de pruebas en orina disponibles que se centran en "marcadores" específicos del cáncer de vejiga. El urólogo elegirá la prueba más adecuada para cada paciente.

Existen diferentes tipos de tratamiento para el cáncer de vejiga. Algunos son de uso habitual y otros se están evaluando en ensayos clínicos. Antes de comenzar el tratamiento, los pacientes quizá deseen pensar en la posibilidad de participar en un ensayo clínico.

 
Cirugía
La intervención en la que se extirpa la vejiga se denomina cistectomía. Prácticamente todas las cistectomías por cáncer son radicales, lo que significa que se extirpa toda la vejiga. Las cistectomías parciales son raras, pero pueden resultar adecuadas en pacientes muy seleccionados. Las técnicas de cirugía mínimamente invasiva, como laparoscopia, siguen considerándose experimentales y, por ahora, no se practican habitualmente.

En una cistectomía realizada en varones se extirpan la vejiga, la próstata y los ganglios linfáticos. Los avances quirúrgicos están permitiendo que los cirujanos conserven los fascículos nerviosos responsables de la erección. En las mujeres se extirpa la vejiga, el útero y parte de la pared anterior de la vagina, si bien ahora se conserva la vagina en ciertos casos.

En algunos cánceres de vejiga en estadio inicial o superficiales puede utilizarse un procedimiento denominado resección transuretral (RTU). En ella se hace pasar un resectoscopio, que es una herramienta delgada con un asa de alambre en el extremo, a través de la uretra para raspar el tumor de la pared vesical. El resectoscopio también puede emplearse para aplicar una corriente eléctrica con el fin de quemar el tumor.

 
Cirugía de reconstrucción vesical
Cuando se extirpa la vejiga, hay procedimientos conocidos como desviaciones urinarias para restablecer la función urinaria. Las desviaciones urinarias se realizan al mismo tiempo que una cistectomía. Existen tres tipos de desviación urinaria:

Neovejiga ileal: se utiliza parte del íleon (intestino delgado) para construir una vejiga nueva, lo que permite una micción "normal". Este procedimiento va mejor en los varones. Ofrece un buen control urinario durante el día, con una probabilidad de incontinencia nocturna del 20%. Algunas mujeres tienen dificultades para vaciar completamente la neovejiga y, en ocasiones, han de usar una sonda.

Conducto ileal: se utiliza una porción del intestino delgado para crear un “tubo” que conecta los uréteres con la superficie cutánea del ombligo. La orina se dirige a una bolsa de urostomía que se lleva fuera del cuerpo. Se trata de un procedimiento sencillo y eficaz, si bien algunos pacientes presentan problemas para llevar un dispositivo externo.

Reservorio continente: se utiliza tejido intestinal para crear un reservorio interno que se conecta al ombligo. El paciente usa una sonda para drenar el reservorio. Este procedimiento se realiza con menos frecuencia que los otros dos.

 
Quimioterapia
La quimioterapia tiene un papel importante en el tratamiento del cáncer de vejiga metastásico que se ha extendido a los ganglios linfáticos, los pulmones, el hígado y otras partes del cuerpo. En los pacientes con metástasis en el momento del diagnóstico, la quimioterapiaconstituye el tratamiento de primera línea.

La quimioterapia de referencia para el cáncer de vejiga metastásico es una combinación de cuatro fármacos conocida como MVAC: metotrexato, vinblastina, doxorrubicina y cisplatino.MVAC ha deparado buenas tasas de respuesta desde los años ochenta. En los últimos años, el régimen de tratamiento MVAC se ha reducido de cuatro a dos semanas, con menos efectos secundarios tóxicos para el paciente y una mejor tasa de respuesta, del 50% o más.

Otro régimen de quimioterapia es una combinación de gemcitabina y cisplatino. Es menos tóxico que MVAC, con tasas de respuesta similares. Ambas quimioterapias deparan una supervivencia media de 14 meses.

La quimioterapia también se emplea junto con cirugía en pacientes que corren un riesgo alto de presentar metástasis. Los datos indican que los tumores vesicales que han invadido la pared muscular y tienen el potencial de diseminarse pueden beneficiarse del uso de quimioterapia antes de la cirugía (tratamiento neoadyuvante).

 
Radioterapia
Aunque la cirugía es el tratamiento de primera línea del cáncer de vejiga, la radioterapiatambién tiene utilidad en determinados pacientes. Es posible utilizar radioterapia y quimioterapia con cisplatino simultáneas como alternativa a la cirugía en un intento de preservar la vejiga. Sin embargo, tan solo un 40% de los pacientes que se someten a tratamiento con conservación de la vejiga podrá mantener la vejiga y no presentará una recidiva del cáncer.

Los mejores candidatos a la radioterapia son los pacientes que:

  • Presentan tumores resecados localmente
  • Solo tienen un foco tumoral
  • Pueden tolerar la quimioterapia y 35 tratamientos de radioterapia
  • Deben someterse a un seguimiento riguroso tras el tratamiento
     

La Radioterapia se aplica en pacientes con enfermedad localmente avanzada en combinación con quimioterapia con la finalidad de preservar la vejiga, como adyuvancia tras cirugía en caso de presentarse factores de mal pronóstico en la anatomía patológica o como tratamiento sintomático en caso de sangrados.

En esta patología se utiliza la siguiente  tecnología y  tipo de Radioterapia:

  • Simulación virtual con TAC
  • Radioterapia de intensidad modulada (IMRT)
  • Radioterapia volumétrica (VMAT)

Inmunoterapia

En los últimos años, una parte importante de la investigación sobre el cáncer se ha dedicado a la inmunoterapia, que emplea los mecanismos de defensa del propio organismo para combatir el cáncer. Todas las células poseen marcadores proteicos, denominados antígenos, en su superficie que las identifican como "normales" o "extrañas". La presencia de antígenos extraños (como las células cancerosas) en el organismo provoca una reacción química compleja en la que intervienen los linfocitos y otras células que defienden el organismo de las enfermedades. Algunas de estas células defensoras producen anticuerpos, que buscan y destruyen antígenos específicos.

Las inmunoterapias se diseñan para manipular la respuesta inmunitaria antígeno/anticuerpoal actuar sobre antígenos presentes en tipos concretos de células tumorales. A medida que los investigadores identifican más de estos antígenos específicos de tumores, trabajan para desarrollar fármacos dirigidos exclusivamente contra esas células.

 
Inmunoterapia y cáncer de vejiga
En el cáncer de vejiga superficial, otro tipo de inmunoterapia se ha convertido en el tratamiento de referencia.

La inmunoterapia intravesical consiste en rellenar la vejiga con una solución que contiene bacilo de Calmette-Guérin (BCG), una bacteria que se utiliza en ocasiones para tratar la tuberculosis. El BCG, administrado mediante una sonda, estimula una respuesta inmunitaria en el interior de la vejiga para destruir todas las células cancerosas residuales. La inmunoterapia intravesical se aplica después de raspar la pared de vejiga para eliminar las células tumorales superficiales. La tasa de éxito del tratamiento con BCG intravesical es del 70% a 80%.